jueves, 3 de julio de 2008

MI GUERRA EN EL SÁHARA (VI-LAS NOVATADAS)

ANTERIOR ENTRADA: 3/06/2008

Esta entrada será un poco más larga de lo habitual, pero es que quiero intentar que entiendas bien lo que sucedía y además, teniendo en cuenta donde estábamos.
Efectivamente, como decía en el capítulo IV, el primer día no pegamos ojo. Ni el siguiente, ni el otro, ni la primera semana... Esto que te cuento ahora es ciencia-ficción, ya que en la mili estaban prohibidas las novatadas, así que imagínate que me lo he inventado o que lo he soñado, pero solo imagínatelo.
Para situar la acción te describiré los barracones donde dormíamos. Esta vez si que eran de obra, no de madera como en el Campamento, y estaban configurados de la siguiente forma; la puerta de entrada estaba en el centro, con lo cual, al entrar en el barracón, este se dividía en dos partes. A la izquierda, camas individuales para los abuelos, a la derecha literas. Las camas de arriba de las literas eran para los padres, las de abajo, evidentemente, para los recién llegados. Según se iban licenciando reemplazos, las camas se iban heredando, hasta llegar a disfrutar de una cama en la zona de la izquierda. Cuanto más a la izquierda estaba tu cama, mas “galones” tenías.
Esta configuración tenía su motivo. Además de marcar las jerarquías, era tener un mejor acceso para dar la pastilla (putear) a los reclutas.
La pastilla más habitual era el llamado convoy. Se trataba de entrar en el barracón y volcar los colchones de las camas de los reclutas, evidentemente con recluta incluido. Como esto se hacía sigilosamente, el recluta no se enteraba hasta que estaba en el suelo, con el colchón encima y sin saber lo que había pasado. Levantate, haz la cama como puedas, y a tratar de dormir. Luego ya sabes lo que está pasando, sobre todo cuando te lo hacen cuatro o cinco veces cada noche. Al final, simplemente pones el colchón encima del somier, te echas la ropa de cama por encima y hasta la siguiente vez.
Otra de las incursiones nocturnas era que te despertaban, con una linterna apuntándote a los ojos, y te hacían beber un brebaje, que a saber lo que tenía. Bueno si lo sé, yo sobreviví y fui veterano, pero no te lo cuento. La verdad es que, según los reemplazos, variaba el cóctel.
Esto era por las noches. Por el día, el recluta era lo menos de lo menos. Por ejemplo, servías el agua en el comedor y recogías los platos de tu grupo (cada grupo de veteranos, elegía un recluta como “machaca” y te debías a ellos); si pedían voluntarios para cualquier cosa, los primeros en presentarse tenían que ser los reclutas, etc. Si alguno desobedecía a un veterano, el castigo normal eran los petatazos. Esto consistía en ponerte de pie, inclinarte hacia delante apoyado en algo y recibir en el culo el número de golpes, dados con un petate, que te hubiesen asignado como pena.
Si la falta era más grave, se iba a juicio. Esto se montaba cuando ya habían pasado 15, 20 ó 30 días y el recluta estaba hasta los... de sufrir putadas. Siempre había un recluta que se revelaba y montaba alguna. Entre los veteranos se formaba el tribunal de abuelos, se nombraba fiscal (un padre) y defensor (un recluta) y se celebraba la causa con una parte del público vociferante (abuelos y padres) y otra parte en silencio y expectante (reclutas). La pena que se pedía siempre, era la horca, y siempre el recluta resultaba culpable. La sentencia se ejecutaba en el momento. El procedimiento era el siguiente. Entraba el verdugo (con capucha negra incluida), se acercaba al recluta y le dirigía al centro de la sala. Allí, soga con nudo de horca colgada de una viga, silla debajo, el recluta se sube a ella, se le pone una capucha, se le anuda la soga, el verdugo tira de la cuerda para que se note la tensión en el cuello y... patada a la silla. Sencillo verdad. Bueno, el caso es que, el verdugo siempre soltaba la cuerda (por lo menos mientras yo estuve allí), el recluta caía al suelo y se iba, cagado de miedo, entre las risas de todos. El recluta había aprendido una lección (¿?).
Yo como recluta, caí en el grupo más “cañero”. Lejos de lo que pueda parecer, fue una suerte. Recibía novatadas, pero nada comparado con el resto ya que estaba “protegido” por el grupo y además, aprendía deprisa. Posiblemente aquí cambió mi suerte en la mili.
Bueno, pues nada, como sueño o invención mía no está mal, verdad. Yo, siempre negaré que sufriese estas cosas, y mucho menos, que las hiciera.

SIGUIENTE ENTRADA: 10/11/2008.

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